La pandemia del COVID-19 del año 2020 y 2021 se ha cobrado la vida de más de tres millones de personas a nivel mundial, cerca de 28 mil personas sólo en Chile, y las cifras siguen aumentando. Pero más allá de los números, lo que más impacto causa es la forma en que el virus arrebata personas, seres queridos, primos, tíos, abuelas y abuelos. Comienza con leves síntomas un primer día, a los pocos días viene el hospital y ya no se vuelven a ver más. Desaparecen.
Pradelina Ibañez, mi abuela, murió el 22 de septiembre de 2020 en el hospital Carlos Van Buren de Valparaíso. Carlitos Covarrubias, en la ciudad vecina, murió el 25 de agosto de 2020 en el hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar.

No hay funeral, no hay ritos, no hay proceso de duelo ni cierre para las familias. Sólo queda espacio, objetos que sobreviven, algunas fotos que guardar.

Este proyecto comienza con mi propia experiencia y como un homenaje a los que ya no están. Es declaración y documento, es el espacio que dejaron atrás, es un libro de condolencias colectivo.

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